Qué desgracia comprobar en propia boca de Ambrós, maestro incuestionable, que ni los propios autores creían que estaban haciendo arte. El yugo de la ignorancia cultural llegaba hasta ellos mismos.
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Qué desgracia comprobar en propia boca de Ambrós, maestro incuestionable, que ni los propios autores creían que estaban haciendo arte. El yugo de la ignorancia cultural llegaba hasta ellos mismos.
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